Melaka, el encanto colonial

Apenas 2 horas en autobús separan Melaka de Kuala Lumpur. Por cierto, la estación de autobuses de Kuala Lumpur bien podría parecer un aeropuerto vista desde fuera:

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A ella se llega en el útil monorraíl de Kuala Lumpur, por lo que es de fácil acceso.

Con el billete de autobús también contratamos un taxi de la compañía que te dejaba en el hostal (salía tirado de precio), así que fue pan comido llegar a él. Lo primero que hicimos aquí fue el ABC de todo viajero: dejar los bártulos, pillar un mapa y a descubrir el lugar.

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Al ser una ciudad pequeña no fue difícil localizar los puntos clave. Es más, en una tarde lo has visto todo, pero no te quieres ir de un sitio así; tiene algo, creo que es la tranquilidad que se respira, por ejemplo, en la ribera del río, en total contraste con otras zonas de Asia, como de la que acabábamos de llegar nosotros y desde la que escribo esta entrada: China, donde encontrar un lugar como el de la foto es harto complicado (si es que lo hay).

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Melaka, aunque en Malasia, es una ciudad que fue conquistada por los portugueses a principios del siglo XVI, conquistada de nuevo por holandeses en el siglo XVII (esta vez a los portugueses) y pasada a manos de los británicos en el XIX, lo que ha dejado varios vestigios coloniales en la zona de su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Es una ciudad portuaria, aunque no de apetitosas playas. Su puerto llegó a estar a la altura de puertos como el de Ceilán, siendo uno de los enclaves comerciales más importantes en la época colonial. Sentíamos curiosidad por ver la zona de la costa, así que terminada la visita del primer día decidimos acercarnos al día siguiente. Para ello “solo” hay que coger un autobús en la estación de autobuses, que te deja en alrededor de una hora relativamente cerca de la playa. Allí empezamos a caminar hasta que dimos con el típico puesto callejero de frutas y bebidas. Le pregunté a una mujer por dónde quedaba la playa, y se ofreció amablemente a llevarnos en su coche, una miniaventura más para la colección.

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Sí, aquí conducen por la izquierda.

Nos dejó justo donde queríamos y nos sentamos allí, simplemente a disfrutar de la tranquilidad del lugar. No nos bañamos, ya que nos comentaron que el agua no es que estuviera muy limpia precisamente, debido a la cercanía de los petroleros, pero el lugar nos sirvió como sede de un picnic improvisado, gracias también a la presencia de una carretilla con comida a escasos metros de donde estábamos.

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Volvimos a Melaka y lo hicimos a nuestro lugar favorito, la zona del río.

La tranquilidad está muy bien, pero llegaba la hora de coger el autobús y plantarnos en un lugar que no tenía nada que ver ni con Kuala Lumpur y mucho menos con Melaka, el hijo pródigo que se hizo de oro: la rica Singapur.

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“El árbol más fuerte y frondoso vive de lo que tiene debajo”.

Kuala Lumpur, comienza la aventura

Es la primera vez en este blog que voy a dedicar más de una entrada, y más de dos, a hablar de un tema no relacionado con China. Y es que mi pareja y yo acabamos de volver de un viaje de 3 semanas que ha abarcado Malasia, Singapur e Indonesia (islas de Bali y Java), y queremos compartir nuestra experiencia, como solemos hacer siempre que viajamos.

El viaje comienza en un tren de 9 horas de Xi’an a Shenzhen. ¿Por qué no nos decidimos por el avión? Es algo que me sigo preguntando. Quizás vi que coger 5 aviones en 3 semanas ya era bastante, por lo que viendo que el tren rápido de China es relativamente cómodo para viajar nos decantamos por esta opción, aunque el precio es similar al del avión. Después de 9 horas de chinadas varias llegamos a Shenzhen, con el tiempo justo de ir al aeropuerto a coger el avión hacia Kuala Lumpur, ciudad a la que llegamos después de otras 4 horas de viaje, ahora sí, en avión.

El primer contacto con la capital malaya fue agradable. Nos pareció una grata opción que dispongas de una ventanilla destinada específicamente a contratar un taxi a tu destino, sin engaños ni vaciles, con el precio pagado previamente. El precio nos pareció más que razonable, así que ya teníamos transporte para llegar al hostal, situado en pleno Chinatown, una de las zonas más concurridas de Kuala Lumpur.

Después de un reconfortante sueño amanecimos en Kuala Lumpur. Hay que decir que la habitación daba lo que prometía: cama, ducha (sin agua caliente) y poco más, y cuando digo cama digo que apenas sobraban 2 metros cuadrados en la habitación de espacio que no fuese la cama. Pero bueno, lo importante era descansar.

Efectivamente, nuestro primer destino fueron las gigantescas Petronas, encontrándonos por el camino con su prima hermana, la torre de TV, de una longitud escasamente inferior (421m por 452 de las Petronas). Las Petronas es una de las postales más trilladas de Asia en general, pero no dejan de impresionar cuando llegas a sus pies.

Paramos a comer en un sitio aleatorio (lo mejor en lo culinario estaba por venir en Little India) y dedicamos la tarde a conocer otros rincones de la ciudad. No entramos al recomendado Bird Park (parque de los pájaros), pero pensamos que ya íbamos a disfrutar de suficientes entornos naturales en Indonesia como para dedicar una tarde a visitar un entorno cerrado en mitad de una ciudad, por muy famoso que fuese (además, la entrada nos parecía excesivamente cara).

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Nos quedamos con esta foto. Al fondo, la torre de TV y las Petronas.

Lo dicho, la cena en Little India fue una auténtica gozada. Hacía tiempo que no comíamos comida india, así que comerla en un sitio lleno de indios (si lo eligen es por algo) y con cocineros indios (la comunidad india en Kuala Lumpur es una de las más numerosas) fue la mejor bienvenida posible.

El día siguiente lo dedicamos a darnos un paseo por los puestos de la calle Petaling, que compone el eje principal de Chinatown, a pasear por la zona de la mezquita Masjid Jamek (en ese momento en obras) y alrededores y a ver la zona de las Petronas de noche, donde pudimos disfrutar del espectáculo de luces del lago. Aprovechamos también para cenar un kebab, que puede parecer insignificante, pero hacía siglos que no engullíamos algo parecido (desde que estábamos en Granada creo yo).

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Casi se me olvidaba el paso por las Cuevas de Batu, a 13 km al norte de Kuala Lumpur, uno de los santuarios hindúes más importantes fuera de la India.

¡Cuidado con los monos!

La capital de Malasia nos pareció una ciudad bien estructurada, con un monorraíl que hace las veces de metro que conecta eficientemente la ciudad y un ejemplo de convivencia de nacionalidades y religiones. Ciudad recomendable, aunque es preferible que sirva de paso a un viaje más amplio, y no para centrar el viaje en torno a ella. Además, se agradece este cambio de aires viniendo de un país como China, donde el orden brilla por su ausencia.

Próxima parada: Melaka. Seguimos en Malasia.

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“El jade necesita ser tallado para ser una gema.”

Impresiones de mi segunda visita a Pekín (y consejos para no ser timados)

Muchos sabéis que en agosto del año pasado pasé unos 5 días en la capital de la R.P. China (https://califatodexian.wordpress.com/category/beijing/). Esta vez he vuelto junto a mi pareja, y nos encontramos allí con mi querido hermano, el cual lleva ya unos 6 años trabajando en Shaoxing, en la provincia de Zhejiang, al sureste de China. El motivo del viaje no era tanto placer, sino más bien trabajo, y es que el 4 y 5 de junio se celebraron en Pekín las IX Jornadas de Formación de profesorado de ELE en China, evento en el que yo tenía un papel especial, ya que di una ponencia de 30 minutos.

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La versión escrita de la ponencia está disponible en:

http://sinoele.org/index.php/component/content/article?id=280

Fue mejor de lo esperado; dejé los nervios a un lado e hice lo que fui a hacer: hablar sobre algo que sabía y había preparado, por lo que no había motivos ni excusas para dudar.

En cuanto al resto de las Jornadas solo tengo buenas palabras; aprendimos un montón y conocimos a más gente que se dedica a lo mismo que nosotros, con mención especial a gente de la cual incluso he leído algunos artículos para mi Doctorado, así que califico la experiencia de sobresaliente cuanto menos. Además, pude contar con la compañía de mi hermano, al cual no veía desde febrero cuando nos juntamos en España en las vacaciones de invierno, por lo que estos días en Pekín fueron inmejorables.

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Al fondo a la izquierda están los cracks.

Ya que íbamos por Pekín aprovechamos para pedir al menos un par de días libres en la universidad y enseñarle a mi pareja la milenaria capital, una ciudad que ya conocía y que me encantó, por lo que no me costaba ningún trabajo volver a pasar por los mismos sitios. Fue imposible repetir visita en  todos los lugares a los que fui, pero al menos tuvimos tiempo para Tiananmen, la Ciudad Prohibida, la Colina del Carbón, el Parque Beihai, los Hutongs… Y, sobre todo, la Gran Muralla. Dicen que un hombre no es un hombre hasta que no va a la Gran Muralla, ¿qué soy yo entonces que ya he ido dos veces?

Y, ¿por qué eso de “consejos para no ser timados”? Pues bien, todo viene a raíz de la visita a la Gran Muralla. El año pasado no tuve problema, y cogí, como bien me informé, el autobús 916 hasta la última parada y allí cogí un “taxi pirata” (por aquí los llaman “coche negro”) hasta la falda de la Muralla. Este año, no sé si por las prisas o porque somos unos primos, le hicimos caso a una mujer que trabajaba en la estación de autobuses (joder, la misma que estaba recogiendo los tickets), que nos dijo que mejor cogiéramos otro autobús y allí cogíamos el “coche negro”. Al principio pensamos “bueno, ¿por qué vamos a dudar de una mujer tan amable? Además, todo encaja con la ruta que hice el año pasado…”, pero nada más llegar me di cuenta del percal: solo encontramos uno de esos coches al bajarnos del autobús, cuyo conductor nos pedía una cifra desorbitada (5 o 6 veces más de lo que pagué el año pasado). Al principio me dejé llevar por la ira y me negué ni siquiera a negociar, y me fui directo para coger el bus de vuelta y hacerlo bien, aunque perdiéramos 2 horas. Afortunadamente, mientras yo esperaba enfurruñado en la parada de autobús mi pareja, con mucho más temple que yo, negoció al menos para que lo dejara “solo” por el doble de lo que me costó el año pasado. Así pues, preferí pagar eso en lugar de perder más tiempo, anotando en mi cajón de cosas a recordar que nunca más se me ocurra salirme del guion, y mucho menos en un país con gente tan “pícara” (a decir verdad China no me está pareciendo un país muy “tunante” en ese aspecto, pero hay que ir con ojo en los lugares turísticos, como en muchos otros países).

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Luego me tomé una birra y se me pasó.

Dentro de algo menos de dos semanas nos vamos de viaje 3 semanas, en las cuales recorreremos Malasia y parte de Indonesia. Lo tenemos todo atado y bien atado, así que esperamos que no nos timen mucho. Seguimos leyéndonos.

“Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”.

De mudanzas y pisos

Uno de los lazos en común que tenemos la mayoría de profesores que trabajamos en China es la posibilidad de que la universidad o centro en cuestión te ofrezca alojamiento, por lo que te ahorras un quebradero de cabeza, además de, obviamente, pagar alquiler. Ese es mi caso, con la particularidad de que el campus donde me alojo está a unos 15km de Xi’an, lo que me obliga a coger un autobús, el cual tarda alrededor de una hora, cada vez que quiero ir a la “civilización”. Este hecho, sumado a que el último autobús que vuelve al campus lo hace a las 7pm, sumado a que cada vez que quería hacer un plan medio decente tenía que alojarme en un hostal, sumado a que mi pareja y yo somos gente joven y nos gusta mucho el ocio y el cachondeo en general, ha propiciado que ahora mismo os esté escribiendo ¡desde mi nuevo piso en Xi’an! A 5 minutos de la boca de metro más cercana, a dos pasos del supermercado internacional Metro (menuda tentación) y a pocas paradas de metro del centro de la ciudad. ¿Cómo lo he conseguido? Os explico:

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Esa nave azul es el “Metro”. Al fondo la torre de TV, al sur de Xi’an, a unas 6 paradas en metro de la torre de la campana (el centro de la ciudad).

Lo primero que hice fue preguntar a la “gente de a pie”, es decir, profesores y estudiantes, para apuntar lo que me iban diciendo e ir comparando información. Todo ello me llevó a buscar en una agencia, ya que la mayoría de opiniones me llevaban a hacerlo. No sé en el resto de ciudades de China (supongo que sí), pero en Xi’an una de las más reconocidas es Century 21, con oficinas por todo el mundo (incluido España). La mecánica es la siguiente: ellos te enseñan fotos de pisos interesantes, vas a verlos y si te gusta tú pagas 1000 yuanes (unos 130 euros) y el dueño paga otros 1000. En mi caso me bastó ver solo un piso para decidirme. El motivo principal de hacerlo así, además de porque nos convenció nada más echarle un vistazo, es que la dueña habla inglés, lo que facilita mucho las cosas en caso de existir algún problema con el piso.

Me consta que en ciudades como Pekín, Shanghái o Shenzhén el precio del alquiler es una locura, pero en Xi’an el precio medio en una zona decente como esta para 2 personas es de 1500 – 2000 yuanes (entre 200 y 270 euros en total). Para la luz, agua y tal el mecanismo es muy curioso; hay una tarjeta para el gas y otra para la luz, y tú las recargas en función de lo que vayas a gastar. Por lo que nos han comentado (y ya estamos empezando a calcular) lo que se puede pagar mensualmente de luz son unos 100 yuanes (unos 13 euros) en total para 2 personas, y de gas más o menos la mitad (más barato imposible). El agua sí que se paga a través de factura, y por lo que nos dicen sale más o menos igual que la luz. Por lo tanto, estamos hablando de unos 200 – 250 yuanes mensuales para 2 personas (unos 30 euros). En cuanto a Internet, hemos tenido que pagar un año entero. Por 50 megas hemos pagado 1000 yuanes para todo el año (130 euros), otro precio de coña.

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La tele con WiFi y conexión HDMI para conectar el ordenador es uno de mis favoritos.

En cuanto al desplazamiento al trabajo, no va a suponer problema alguno. Es cierto que viviremos a una hora en bus, pero la universidad dispone de un autobús para los profesores que residen en Xi’an, que casualmente sale cerca de nuestro piso. Además, los días en los que nos apetezca podemos quedarnos a dormir allí, ya que podemos seguir usando el piso sin problema (vamos a juntarnos con 3 pisos, pura casta). Por otro lado, solemos trabajar de lunes a jueves, por lo que no es ningún drama.

 

Poco más que añadir, aparte de lo contentos que estamos tanto con el piso como con la localización; supone un cambio radical de modo de vida que mejorará la calidad de la misma. Mentiríamos si dijéramos que no vamos a echar de menos vivir en un entorno natural como en el que se sitúa la universidad, pero ese piso sigue allí y podemos volver cada vez que queramos, por ejemplo, en un día de excesivo calor, en el que podemos volver a disfrutar del frescor de la montaña.

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Vendremos a verte de vez en cuando.

“Disfruta la vida, es más tarde de lo que crees”.

Luoyang y Kaifeng, una ruta por la historia

A un par de horas  de Xi’an en  tren rápido (qué maravilla ser protagonista del desarrollo de China) se encuentra Luoyang, una de las 13 antiguas capitales de China, junto a, precisamente, Xi’an. Luoyang, situada en la provincia de Henan, actualmente es conocida principalmente por las Grutas de Longmen, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, lugar que alberga más de 30000 imágenes budistas de todo tipo esculpidas en la roca, una auténtica pasada de lugar.

Llegar a las Grutas es fácil; los autobuses 53 y 81 tienen como última parada el lugar, aunque una vez allí hay que coger otro autobús que te deja en las taquillas en 5 minutos (puedes caminar, calculo que unos 20 – 30 minutos, pero ese día no había muchas ganas y el autobús ya estaba allí). Este autobús te deja en las taquillas, pero aún faltarían unos 3km para llegar a las grutas, para lo que puedes coger uno de esos coches eléctricos largos que por 10 yuanes te deja, esta vez sí, en la misma puerta del recinto.

En 2 – 3 horas se puede ver tranquilamente, perfecto para volver a Luoyang a almorzar. Después de almorzar lo ideal es dar una vuelta por el casco antiguo de la ciudad, repleta de pequeños puestos de souvenirs y de pequeños tentempiés para aguantar hasta la cena.

Realmente Luoyang no tiene mucho más para visitar, solo lo que nos dejamos para la mañana posterior: el Templo del Caballo Blanco, nada menos que el primer templo budista de China, al menos allí fue construido, ya que lo que queda ahora es una reconstrucción mucho posterior, de alrededor del siglo XVI, pero no por ello tiene menos encanto.

Ese mismo día por la tarde salimos hacia Kaifeng, con la única intención de llegar al hostal, cenar, y levantarnos temprano al día siguiente para visitar la ciudad.

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Kaifeng es una ciudad que se ve en un día, así que sin madrugar demasiado puedes coger el tren de vuelta por la noche. Nuestra intención era dejarnos de guías y dar una vuelta a nuestro aire por la ciudad, con la única ayuda del GPS, yendo a los lugares que podían parecer interesantes. No entramos en la mitad de los sitios, ya que personalmente estamos un poco cansados de que te claven 80 – 100 yuanes para entrar en cualquier templo reconstruido “random”, con dos pagodas, dos jardines y una fuente; hemos decidido a partir de ahora centrarnos solo en los lugares que verdaderamente merezcan la pena (como las Grutas de Longmen) y dejar de hacer el primo. En un año aquí se aprende mucho, por ejemplo que tienes que pagar para entrar a cualquier templo o monumento en general, llamando la atención sobre todo las clavadas que te pegan en las “montañas sagradas” de China, lugares naturales convertidos en súper atracciones.

En cuanto a Kaifeng, la ciudad es otra de las históricas de China. En el siglo VIII era una de las ciudades más pobladas y prósperas del mundo, casualmente superada solo por una: Córdoba. Fue en el siglo IX cuando Kaifeng superó a Córdoba y se plantó en los 700000, en tiempos de la dinastía Tang.

Seguimos viajando y descubriendo, aprendiendo más y más y topándonos con otras de las realidad chinas; vayas a donde vayas, cojas el tren que cojas, siempre habrá alguien excitado que querrá hablar contigo, te hará fotos de extranjis, se te colará, te preguntará de dónde eres y lo flipará por un momento contigo. Y es que hay dos maneras muy claras y diferenciadas de viajar por China: pasar de Pekín a Shanghái y no coger un transporte público sin ayuda del guía o cogerte un tren litera en el interior de China y experimentar lo que es China en su esencia, un país que te maravillará y te agobiará a partes iguales. Sea como sea nosotros nos quedamos con lo segundo.

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Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla

Yuncheng (Shanxi), reencuentro con la China más tradicional

Con unas ganas locas de volver a viajar, empecé a buscar en el mapa que tengo pegado en una pared de mi piso algún lugar cercano a Xi’an donde pasar un par de días, y mis dedos se toparon con Yuncheng, a unos 200km al noreste. En la oferta de trenes disponibles encontré una conexión entre Xi’an y Yuncheng en tren bala, con una duración de viaje de solo 1 hora, por lo que parecía el lugar perfecto para hacer un viaje exprés. La información previa que tenía era lo poco que había leído en la Lonely Planet y un par de fotos en Internet, por lo que se trataba del viaje más a ciegas que iba a hacer desde que recalé en China hace apenas un año.

La aventura no tardó en aparecer. El primer contratiempo vino nada más llegar al hotel que había reservado en Booking, un “7 Days Inn” de los muchos que hay por China. Ya en Shanghái no me dio muy buena impresión entre que no encontraban la reserva y el nulo inglés que hablaban (aunque el problema es mío, ya que soy yo el que está en China). Ahora mi chino era ligeramente mejor, pero el problema estaba claro: no aceptaban extranjeros. Suena un poco mal eso de “no aceptan”; lo que realmente ocurre es que los hoteles necesitan una “licencia especial” para alojar a extranjeros, cual especie extraña que ronda por el mundo, y ese hotel no la tenía (ya les vale a los de Booking no avisar de estas cosas en un país como China). Con un enfado de dos pares de narices fuimos a un hotel que había enfrente, con la suerte de que allí si nos aceptaron, y hasta nos salió más barato, por lo que el parecía que el karma nos sonreía.

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En la zona de la estación de trenes del centro de Yuncheng hay varios hoteles, por lo que no tardamos mucho en encontrar otro hotel.

Esta ciudad tiene sencillamente dos o tres cosas que ofrecernos: el templo dedicado a Guan Yu, siendo el mayor en todo China dedicado a su figura; la estatua gigante de Guan Yu, de unos 80 metros de alto, siendo así una de las estatuas más altas del mundo; y el lago salado de Yuncheng, conocido como el “mar muerto” de China.

Guan Yu fue uno de los generales más importantes de China, y cuenta con numerosos templos dedicados a su culto por todo el país.

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Incluso aparece en algunos videojuegos.

El templo de Guan Yu queda en las afueras de Yuncheng, diría más bien que fuera por completo, ya que el autobús, el número 11, que parte frente a la estación de trenes del centro de la ciudad, sale por completo de la ciudad y te deja en la puerta (debéis decir que vais a “Guandi Miao”, el trayecto son unos 2 yuanes y alrededor de media hora). Se trata del “típico templo”, es decir, con su arquitectura tradicional y sus altares, pero este nos dejó un sabor más especial debido a lo poco transitado que estaba y a la tranquilidad que se podía respirar por consiguiente. Os dejo algunas fotos:

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La estampa típica de esta época es ver algunos árboles de este tipo, como cerezos o almendros, en flor. Precioso.

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Me lo pasé pipa con los gansos.

Cogiendo el autobús 21 en la misma puerta del templo podemos llegar a este punto:

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Lo que se ve a lo lejos es la estatua gigante de Guan Yu. Para llegar hasta ella no queda otra que caminar y caminar por mitad del campo, con sus correspondientes escenas: gente que pasa en moto y te saluda, campesinos que se quedan estupefactos al verte pasar frente a sus cultivos… A esto hay que sumarle que no había NADIE yendo hacia allá, es decir, las únicas personas que en ese momento estaba de camino a la estatua éramos nosotros, así que os podéis imaginar lo curioso de la escena. Una cosa es estar en el centro de Beijing o visitando los Guerreros de Terracota rodeado de extranjeros, ahora estamos hablando de que estábamos en tierra de nadie, sin saber cómo c… íbamos a subir a la estatua y encontrándonos a cada paso con escenas de la China más tradicional: la granja de gansos, los cultivos de maíz, escardillos por doquier… Y por dentro estaba disfrutando al mismo nivel que cuando me dirigía hacia la Gran Muralla.

Y allí llegamos:

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Por ese día era más que suficiente, quedaba volver de nuevo a la parada del autobús 11, en la puerta del templo de Guan Yu, pero había un problema: ya no había autobuses. La única solución era caminar más de una hora, pero, ¿alguna vez os han preguntado si hay alguien que vela por vosotros en algún lugar? Eso me pareció cuando dos mujeres que pasaban por allí se ofrecieron a llevarnos hacia la parada del autobús, las únicas dos mujeres que tenían un coche aparcado por la zona. La suerte y la casualidad atacan de nuevo.

Una vez cerca del hotel fuimos a cenar, y las escenas eran las mismas que en cualquier lugar donde no es típico encontrar extranjeros: gente sorprendida cuando articulábamos dos palabros en chino, viéndonos como usábamos los palillos, preguntándonos de donde veníamos… Se notaba que hacía tiempo que un extranjero no se paraba a comer por allí.

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Se me ha olvidado comentar que el autobús 21 es esto.

Al día siguiente nos quedaba solo visitar el lago, el “mar muerto” de China.

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Nosotros no nos bañamos, nos conformamos con hacernos un par de fotos por el lugar y disfrutar de la tranquilidad de la zona.

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Y así volvíamos a Xi’an, con la satisfacción del trabajo bien hecho, con una aventura más y sintiéndonos unos privilegiados por experimentar unas sensaciones que pocos viajeros experimentan, como la de valerte por ti mismo en sitio extraño, sin recurrir a ninguna ayuda más que a ti mismo y a tus ganas de conocer.

China, cada día te quiero más.

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Estos días han sido tan buenos que ni me importaban que me echaran las típicas fotos “destrangis”.

“Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”.

Hangzhou y Shanghái, un Año Nuevo diferente

Desde el momento en el que supe que iba a pasar el cambio de año en China me puse manos a la obra para encontrar un plan que me hiciera olvidar que iba a estar lejos de mi familia y amigos. Así fue como recordé que mi hermano también trabaja en China y que estaba en la misma situación que yo (bueno, él lleva ya varios añitos así), por lo que organicé una escapada alrededor de la ciudad donde trabaja (Shaoxing, en la provincia de Zhejiang) y mi pareja y yo nos fuimos unos días a Hangzhou y Shanghái. La anécdota del viaje fue sin duda la indiferencia de la gente de un bar de Hangzhou a las 00:00, justo en el momento en el que entrábamos en el 2016; la gente seguía hablando de lo suyo, no había señal alguna de que nos encontrásemos en un momento especial… Incluso llegamos a decir “Happy New Year” para intentar animar el cotarro, pero nada.  Esta fue una de las situaciones que hicieron de este Año Nuevo algo diferente.

Hangzhou es considerada una de las ciudades más bellas de China, y es que la zona del Lago del Oeste es una auténtica pasada para todo aquel al que le guste encontrarse con paisajes, situaciones y un “entorno chino” al 100%.

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Había varios grupitos compuestos por una señora cantando y un acompañamiento de instrumentos típicos chinos. Una estampa única.

Lo primero que hicimos fue dar un gran rodeo a la zona del lago, donde desde cualquiera de los ángulos había una foto que tomar. Dicen que hay unos 30 lagos en todo China con el nombre de Lago del Oeste, pero este sin duda es el que tiene más encanto.

Poco a poco fuimos dejando el lago atrás y adentrándonos en los montes colindantes. Esta zona es ideal para hacer una ruta de senderismo, y lo más normal es encontrarte sobre todo con gente mayor pegándose sus caminatas por aquí, y no mucho turista por cierto. Aquí fue donde tomé el siguiente vídeo, que puede reflejar lo que es una tarde cualquiera en China:

Solo teníamos un par de días para visitar Hangzhou, así que decidimos hacer una visita exprés a los puntos más importantes. Somos conscientes de que nos dejamos algunas cosas atrás, pero confiamos en repetir visita en el futuro. Ni siquiera tenemos fotos de las famosas pagodas de Hangzhou, ya que era de noche y la calidad de foto no era muy buena.

De lo que sí tenemos foto es del paseo que nos dimos por los montes de Hangzhou, solo apto para los mejores pateadores.

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La segunda parada fue nada menos que Shanghái, que con alrededor de 20 millones es una de las urbes más pobladas del mundo. En ningún momento me pareció tan exagerado, debido sobre todo a la ordenada red de metro que tiene y a la estructura de algunos de sus distritos, especialmente la zona de la concesión francesa de Shanghái; más que en China en algunos momentos parecíamos estar en Praga o Budapest. La gente que viene de fuera directamente a Shanghái puede pensar que el tráfico es más caótico o algo así, pero para mí, que vengo de Xi’an, Shanghái fue una gozada en ese aspecto.

De Shanghái vimos poco a decir verdad, así que lo que me dejó mayor recuerdo fue su “skyline”, para el que una imagen vale más que mil palabras:

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Realmente estuvimos visitando Shanghái durante apenas un día, por lo que lo único que os puedo dejar es un batiburrillo con algunas imágenes curiosas:

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El modo de cortar el tráfico tanto de peatones como de coches, algo que nos vendría de perlas en Xi’an.
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Para el que venga solo a Shanghái tienen el detalle de ofrecerte el catálogo de ocio de la ciudad.
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La Perla de Oriente con un fondo azul grisáceo, a estas alturas no tengo que explicar por qué el cielo casi nunca es completamente azul en este tipo de ciudades.

Esta vez me debo disculpar por no poner mucha información sobre los puntos que hemos visitado, pero con la emoción de haber sido un viaje realizado en los días previos a las vacaciones en España (estaré aquí hasta finales de febrero) fue un viaje de puro placer, sin pararme a pensar en ningún momento en qué era realmente lo que estaba viendo.

Lo dicho, ahora os escribo desde España, por lo que no creo que tenga muchas historias que contar. Posiblemente escriba sobre mis primeras impresiones comparando mi vida en China y mi vida en España, de lo que se puede sacar bastante jugo.

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Este es el azul que tanto he echado de menos estos meses. Esta es la primera diferencia que encuentras nada más volver. ¡Viva España!

 

“La primera vez es una gracia, la segunda vez es una regla.”