Gracias por nada, WhatsApp

Hoy mismo, mejor dicho justo ahora, acabo de leer una noticia, una NOVEDAD NOVEDOSA, en El País; resulta que a partir de ahora WhatsApp incluye una opción para compartir tu ubicación con otra persona, muy útil, por ejemplo, a la hora de quedar con alguien y saber dónde se encuentra exactamente en tiempo real (que nos lo digan a los que conocemos la bulla de la Feria de Córdoba…). Se dice en el titular de la noticia que es una “opción polémica”, como todo lo nuevo que llega a Occidente.

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Enlace a la noticia: https://cincodias.elpais.com/cincodias/2017/10/18/lifestyle/1508314788_553728.html?id_externo_rsoc=TW_CM

Resulta, como vemos, que en China llevamos años con esta opción incluida en Wechat, la app de mensajería que domina China, y que ofrece servicios de todo tipo como explicaremos a continuación.

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Tú a Xi’an y yo a Shenzhen.

De todos es sabido, sobre todo entre los españoles, que todo lo nuevo suele ser mirado con lupa, sobre todo si puede alterar un mínimo nuestro día a día. Es un aspecto intrínseco a nuestra cultura, y opuesto a lo que tiene lugar en las culturas asiáticas, especialmente la China. Esto tiene un nombre en sociología: “Evitación de la incertidumbre” (Uncertainty avoidance). Esta dimensión social tiene en cuenta, entre otros aspectos, la flexibilidad para adaptarse a las nuevas realidades y la capacidad de emprendimiento; si hay una sociedad llena de personas emprendedoras esa es la sociedad china. En España, sin embargo, se aboga más por la existencia de reglas y más reglas en cualquier ámbito de la sociedad; se busca una mayor estabilidad y el índice de emprendimiento es realmente bajo.

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Exactamente, la puntuación de 86 pertenece a España, un país con un alto índice de evitación de la incertidumbre. Por su parte, China obtiene un índice bastante bajo, de ahí que sea un país donde se apuesta más por el riesgo y donde la adaptación a nuevas realidades es mayor. La fuente de estos datos los tenéis en https://www.hofstede-insights.com/product/compare-countries/. Geert Hofstede es un conocido psicólogo social y antropólogo holandés.

Algunos ejemplos donde se reflejan estos índice pueden ser

– Alquiler de bicicletas. No me refiero con esto a los puestos fijos donde alquilar una bicicleta para luego dejarla en un puesto similar como los que hay en España, sino al alquiler LIBRE de bicicletas, las cuales se encuentran en cualquier punto de la ciudad y que puedes alquilar escaneando un simple código QR. Obviamente, cuando terminas de usarla puedes dejarla donde te plazca. Cuenta con un localizador GPS de bicicletas, pero en grandes ciudades las puedes encontrar prácticamente en cualquier parte.

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Esto se intentó empezar a implantar en ciudades como Manchester, siendo un auténtico desastre. Aquí un enlace a una noticia que habla sobre el tema: https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/jul/16/manchesters-bike-share-scheme-isnt-working-because-people-dont-know-how-to-share

Creo que en España se está iniciando algo, pero conociéndonos no sé lo que durará. Por cierto, para conocer más sobre este sistema, recomiendo ver este vídeo de mi amigo Javier, de “El gato chino”: https://www.youtube.com/watch?v=A9C8z4nNtZM

– Pago con el móvil. Un servicio realmente extendido por todo China, que, sin embargo, está prácticamente ausente en España, pese a que algunos bancos están empezando a ofrecer este servicio, no sin reticencias por los nuevos clientes. Y es que, más que de las compañías, creo que la culpa es de los propios ciudadanos, que siempre (y me incluyo) vemos estas cosas como algo “peligroso” (¿enlazar mi tarjeta a mi móvil? ¡Ni loco!). Realmente si alguien me robara ahora el móvil no supondría gran problema, ya que se necesita un código de 6 cifras para pagar en la mayoría de los sitios, si bien es verdad que a veces es posible pagar solo enseñando tu código QR (pero bueno, tan fácil como cancelar tu tarjeta o bloquear tu móvil, será por soluciones…).

Wechat, por ejemplo, el servicio de mensajería homónimo que domina China, ofrece servicios como transferencia de dinero al instante a otros usuarios, compra de entradas de cine, compra de billetes de tren, reservas en restaurantes, reservar taxi…

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Así pues, me sigue haciendo gracia leer noticias “bomba” en España y en Europa en general sobre prácticas que se llevan haciendo años en China. Sí, ese país que para muchos es retrógrado y atrasado, pero que va camino de superarnos en muchos aspectos (de hecho ya nos superan en más que nosotros a ellos).

“No se puede caminar contemplando las estrellas cuando se tiene una piedra en el zapato”.

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Dapeng, un acercamiento a las playas chinas

Si algo bueno tiene vivir en el extremo sur de China, entre otras cosas, es el “disfrutar” (depende de cómo se mire) de un clima tropical que hace que el verano se prolongue hasta, según me han dicho, noviembre o incluso diciembre, con un ínfimo invierno que deja paso a una primavera – verano que antecede a un nuevo verano.

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El tiempo para los próximos 3 días en Shenzhen.

Este calorcito va acompañado de un alto grado de humedad, lo que dificulta, por ejemplo, realizar actividades al aire libre como correr (a los 30 minutos mi cuerpo no puede sudar más), y hace que corras el peligro de volver a casa empapado de sudor si te da por ir a pasear más de 1 hora, por ejemplo. Pero a todo se acostumbra uno, y a decir verdad prefiero este tiempo que el frío de Xi’an, donde a partir de noviembre ya es probable encontrar nieve. Además, el índice de contaminación es mucho menor aquí que en el norte de China. Por otro lado, también ayuda el venir de Córdoba y de esos veranos con 45 grados a la sombra.

Este clima hace que no sea extraño que en pleno mes de octubre puedas ir a pasar un fin de semana a la playa, como he hecho con mi pareja estos días. Queríamos probar qué tal están las playas de Shenzhen, y decidimos aventurarnos y pasar un par de días en Dapeng, un pequeño pueblo costero situado a unos 60 km al este del centro de la ciudad. Es una de las playas más cercanas a la ciudad; aunque Shenzhen tiene costa, la parte que corresponde al núcleo urbano se destina sobre todo a su bonito paseo marítimo.

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Al fondo el “skyline” de Shenzhen.

En cuanto a Dapeng, también le da nombre a la península donde se sitúa el pueblo y sus playas. Nosotros fuimos concretamente a la zona noreste de la península:

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Dos características muy chinas: paraguas para protegerse del sol y flotadores por doquier.

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El agua no estaba fría (requisito indispensable para mí) y no había gente en exceso teniendo en cuenta que fuimos en plenas vacaciones del Día Nacional. Nosotros nos alojamos en el pueblo donde se sitúa la playa, que posee bastante encanto, pero quizás los precios sean algo excesivos, lo que es de entender vista la cantidad de turistas que suele frecuentar este lugar. Por ejemplo, nosotros pudimos degustar un sabrosísimo y enorme cangrejo, pero el precio me lo guardo para mí:

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Cambiando de tema, no sé de dónde salen fotos como esta, que tanto circulan por las redes y por los típicos programas “de humor” de España:

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Tengo que deciros que no sé cuánto de verdad hay en esa foto, no sé si ese día había algún tipo de evento especial (los chinos son muy dados a ir en masa cuando regalan algo, por ejemplo), a saber, pero no es lo normal, y eso que nosotros fuimos en plenas vacaciones del Día Nacional.

Me han comentado, por otra parte, que existen playas verdaderamente paradisíacas en China, como las localizad en la isla de Hainan:

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Espero ir pronto por allí, que lo tengo a apenas 2 horas en avión (lo que en China es nada).

“No puedes guiar el viento, pero puedes cambiar la dirección de tus velas”.

Shenzhen, ciudad vertical

Si hay algo que te llama la atención de una ciudad como Shenzhen es la gran cantidad de rascacielos que dominan el cielo y el horizonte de esta ciudad.

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Este hecho no es de extrañar si tenemos en cuenta que Shenzhen es la ciudad del mundo donde más rascacielos de más de 200 metros se construyeron en 2016, y la cifra sigue en aumento de acuerdo a la cantidad de grúas y construcciones que se ven por toda la ciudad.

En el primer gráfico, se muestra el número total de edificios de más de 200 metros de altura construidos en el año 2016 en 11 países. En el segundo gráfico, se muestra el número total de edificios de más de 200 metros cuadrados completados en el año 2016 en 16 ciudades del mundo.

En el primer gráfico vemos cómo China domina con mucha ventaja la construcción de rascacielos en el mundo. En el segundo, apreciamos a Shenzhen como la ciudad del mundo donde construcciones de este tipo se están desarrollando. Es curioso observar como la mayoría de ciudades de este ranking son chinas.

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Avenidas salidas de la nada y grúas, muchas grúas.

Un claro ejemplo de la majestuosidad y el protagonismo de estos edificios en China es el edificio de la compañía de seguro Ping An, con sede en Shenzhen, y qué sede; con 599 metros de altura es el cuarto edificio más alto del mundo.

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Por otro lado, justo en este momento se está terminando otro pepinaco cerca del paseo marítimo, perteneciente al holding China Resources, que se espera que tenga 392 metros.

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Se espera que quede así una vez finalizado:

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Y el ritmo no para. Shenzhen, con el PIB más alto de todo China, quiere demostrarle al mundo lo que vale a base de ladrillo. Creo que ya lo ha conseguido, pero si algo me está enseñando el pueblo chino es que no se conforman con ganar, sino que quieren hacer historia.

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Vista de “Cocopark”, una conocida zona de fiesta. El grandote es el mencionado edificio de Ping An.

Es cierto que este desarrollo viene de hace apenas 20 años, y que es cuestionable el alma que tiene la ciudad al no haber apenas gente local como tal (solo segundas generaciones)  y no contar con un gran legado histórico, pero hoy en día la historia se forja así y es indudable que Shenzhen, a su manera, la está haciendo, al ayudar a convertir China en un referente económico mundial.

“Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos.”

El lado “hipster” de Shenzhen

Al salir del metro me reciben, como siempre, un puñado de bicicletas de alquiler aparcadas medianamente ordenadas (al menos más de lo que lo estarían en Xi’an). Esas bicis que en ciudades como Madrid o Barcelona están siendo miradas con lupa por el caos y el desorden que podrían crear, y que en China es una solución de lo más normal. Lo que vuelve a demostrar que por muy hermético y muy controlado que esté en algunos aspectos, China es un país más abierto a los cambios (ojo, no lo digo yo, lo dice Geert Hofstede, un afamado psicólogo social).

Pero ese no es el tema; hoy vengo a seguir hablando de Shenzhen, esa ciudad china que me está enamorando precisamente por no ser tan china.

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Esta tarde he querido pasarme por una zona medio “hipster” cuya visita me recomendaron. Nada más llegar me llama la atención este Starbucks mimetizado con el ambiente.

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La calle da paso a una especie de galería de arte, y los típicos modernitos con cámara en mano, en un entorno que haría las delicias de cualquier “instagramer influencer”.

Algunos bares invitan al “brunch”, en una pared se anuncia una llamativa exposición, y hay cierto aroma a café procedente de algunas cafeterías al más puro estilo occidental. Por un momento no me siento en China, pero tampoco en Occidente, pero sé que es un lugar en el que me gusta estar.

Por otro lado, algunos ven en esta reutilización de una antigua zona industrial un fenómeno negativo que infla los precios y que obliga a los inquilinos originales a cambiar de vivienda. Esta transformación de antiguas áreas en locales de diseño, arte, fotografía… Conocido como gentrificación, vigoriza y revitaliza la economía, y para los que vienen de fuera como yo es un placer, pero en ciudades como Pekín está suponiendo un auténtico drama para muchos ciudadanos locales.

Por cierto, aprovecho para decir que se está produciendo en mí una especie de fenómeno que hace que haya perdido un poco mi sitio. No lo veo como algo negativo, sino más bien como una sensación que me hace citar a Lorca y su “pero yo ya no soy yo, ni esta casa es ya mi casa”. Es decir, cada vez me siento menos “yo” en mi casa, en Córdoba, y cada vez me siento más de aquí o de allá, de ese “no lugar”, en contraposición a ese lugar que guarda tu memoria. Un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad, ni histórico, una especie de “espacio anónimo”, pero un espacio que me encanta, por otra parte.

“Jamás busques la respuesta en los lugares que no existen”.

 

El califa se muda a Shenzhen: de la tradición a la modernidad

Vuelvo al blog después de un largo periodo, debido principalmente al cambio de ciudad que he experimentado estos días. Resulta que me concedieron la beca de Lectorado, consistente en realizar mi trabajo como profesor de español en una universidad extranjera, en este caso otra universidad china. La diferencia con los dos años y medio anteriores que he estado en Xi’an es que ahora trabajo en representación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, perteneciente al Ministerio de Asuntos Exteriores, la cual me ha “destinado” al Instituto Politécnico de Shenzhen.

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Mola esto de tener un pabellón en exclusiva para el bádminton. Por cierto, eso de “Shenzhen 2011” es de cuando se celebró aquí la Universiada ese mismo año.

A diferencia de la universidad en la que estaba antes, centrada en la Filología y la Traducción, en esta se dan carreras más técnicas; concretamente, mi departamento se dedica al grado de Español Comercial. Aunque, a decir verdad, yo voy a dar asignaturas de carácter más lingüístico, como Comprensión y expresión escritas o Comprensión lectora.

A primera vista, Shenzhen se ve una ciudad más moderna que Xi’an; con una red de metro compuesta de hasta 11 líneas, por las 3 con las que cuenta Xi’an actualmente, Shenzhen está bastante mejor conectada que Xi’an. Además, la veo más organizada a nivel de infraestructuras. Por otro lado, lo poco que he visto de la ciudad me ha dado una imagen de ciudad moderna, ese modelo de ciudad con el que soñó Deng Xiaoping.

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Le da un aire a Central Park, ¿no?
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Aquí el tito Deng, uno de los artífices del milagro chino

No es casualidad que fuese aquí donde se abriese el primer Mcdonald’s, allá por 1990, y es que Shenzhen fue la gran apuesta del gobierno chino para acometer la modernización del país que continúa hoy en día. En los años 80, poco después de la llegada al poder de Deng Xiaoping (en 1978), Shenzhen empezó a transformarse poco a poco en una gran megalópolis; se convirtió en una de las primeras zonas económicas especiales que se abrió a la inversión extranjera. Hoy en día Shenzhen es la ciudad más rica de la China continental, por detrás de las regiones administrativas especiales de Hong Kong y Macao.

A diferencia de Xi’an, donde parece que no pasa el tiempo, Shenzhen es una ciudad en constante crecimiento. Por otro lado, mientras que en Xi’an se respira historia y tradición en cada uno de sus rincones, como he contado en más de una ocasión en este blog, en Shenzhen todo es nuevo prácticamente. Así pues, he experimentando un cambio brutal de aires tanto geográfico, ya que Shenzhen se encuentra a más de 1500km al sur de Xi’an, como climatológico, con un clima tropical que contrasta con las estaciones bien definidas de Xi’an. Asimismo, Shenzhen cuenta con una polución notablemente inferior a la de Xi’an.

Y, por supuesto, el aspecto laboral también ha cambiado, considerablemente para mejor, tanto a nivel de calidad del centro como económico. Sinceramente esta ha sido la razón principal para cambiar de aires.

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Mi despacho, desde aquí os escribiré de vez en cuando.

Aunque no todo es positivo; mi pareja sigue en Xi’an, pero ya nos estamos moviendo para que pueda estar aquí lo antes posible. Es una pena que tengamos que estar al menos algunos meses viéndonos unas dos veces al mes, pero como bien dice este proverbio…

“El dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa de los cangrejos.”

Ascenso al Monte Taibai y un par de días en Baoji (Shaanxi)

Escalo el pico Taibai por su ladera oeste.

Alcanzo la cumbre al caer el crepúsculo.

La Estrella de la Mañana habla conmigo

y me abre la puerta del cielo.

Gustoso, cabalgo el viento frío,

emerjo por entre las nubes ondulantes,

levanto la mano, toco la luna

y paseo por encima de todas las montañas.

Ahora que he abandonado Wugong,

¿cuándo podré retornar?

Este poema chino anuncia una de mis experiencias del viaje que tuve la oportunidad de realizar el finde pasado por Baoji, a apenas una hora en tren rápido al oeste de Xi’an, sin salir de la provincia de Shaanxi.

太白(Taibai), se traduce en este poema como “Estrella de la Mañana”, como “lucero del alba”, y literalmente se traduciría como el planeta Venus. Situado en el condado de Wugong, a pocos kilómetros al este de Baoji y al oeste de Xi’an, el Monte Taibai, con sus imponentes 3767 metros, es el pico más alto de la provincia y también el más alto de la cordillera Qinling, que separa el norte del sur de China. Esta separación entre norte y sur es muy popular en China, principalmente por hechos como la instalación de la calefacción en las casas, obligatorio en el norte, no ocurriendo lo mismo en el sur. Es un dato curioso si tenemos en cuenta que pocos kilómetros al sur de Xi’an la calefacción deja de ser de obligatoria instalación por el gobierno chino, cuando hace prácticamente el mismo frío en invierno. Pero los que conozcáis China ya sabéis cómo son las cosas aquí: o blanco o negro, no hay gris, lo que no es de extrañar en un país tan poblado y donde se hace tan difícil en ocasiones legislar.

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Xi’an está en el norte, así que jaque mate frío.

Volviendo al tema que nos atañe, empezaré con unas breves indicaciones para llegar. Si vamos desde Xi’an, que es la ciudad principal más cercana, lo ideal es ir en autobús directamente desde aquí. Me han comentado que se  pueden tomar desde la estación de tren de Xi’an, en el mismo lugar en el que se toman para ir a los Guerreros de Terracota; yo tuve la suerte de ir en el coche del padre de uno de mis alumnos, junto a su hermano pequeño y dos alumnas más que se apuntaron por sorpresa, por eso digo eso de “me han comentado”. En mi caso fuimos desde Baoji, que era donde me encontraba originalmente de visita.

La excursión comienza en la base principal al pie de la montaña, desde donde se toma un autobús que te lleva a otra de las bases, donde comienza la visita. Desde aquí se toma otro autobús hasta otro punto de visita, donde puedes seguir disfrutando del entorno y aprovechar para seguir tomando fotos.

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De aquí llegamos al punto de partida del teleférico hacia la cima. Según me ha comentado mi alumno, se trata de uno de los más largos de Asia y uno de los primeros en construirse en toda Asia. No he tenido tiempo de contrastar esta información, así que espero que no sea como lo que se comenta sobre que la agricultura se inventó en China, como otras tantas cosas; existen muchas creencias populares en China sobre el origen de decenas de inventos, las cuales remiten siempre al mismo lugar: China. Tratándose de la fábrica del mundo… ¿Quién sabe?

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Lo que no me cabe duda de que se inventó en China fue el desorbitado precio para todas las atracciones turísticas; desde Huashan (link) no había visto nada igual. Hablaré en euros: 20€ la entrada al recinto donde se sitúa la montaña y 30€ el teleférico ida y vuelta, que más los gastos tontos de comida y tal hacen que el día no salga muy barato. Eso sí, todo se me olvidó cuando me encontré con esto.

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Izquierda tienes calefacción, derecha compras radiador.

Otra de las atracciones de Baoji, aunque más que otra yo diría una de las principales, es el museo del bronce, el más grande del mundo en lo que se refiere a piezas de bronce. El museo alberga centenares de objetos de bronce, la gran mayoría destinados a la cocina y a la conservación del vino, aunque nos encontramos también con representaciones de animales e incluso juguetes para niños. Todos estos objetos cuentan con una antigüedad de alrededor de 3000 años, lo que hace de estas piezas algo único.

Así, el par de días que pasé en Baoji se resume en estos dos lugares. Por falta de tiempo me dejé por visitar otros enclaves que no pillaban demasiado lejos, como la Dehesa de Guanshan o el Templo Famen, pero tratándose de China, un país donde una provincia como Shaanxi tiene una extensión que abarca prácticamente la mitad de España y donde “cerca” o “lejos” adquieren un nuevo significado, el verlo todo se convierte en una ardua tarea.

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“Es mejor volverse atrás que perderse en el camino”.

2 años en China, cómo hemos cambiado

Después de mucho bregar con el servidor de WordPress para poder publicar de nuevo en el blog aquí estoy de nuevo, casi 2 años después desde que empezara mi particular aventura en el gigante asiático. 2 años en China cambian a cualquiera, y yo no iba a ser menos, máxime si tenemos en cuenta que esta es mi primera experiencia trabajando en el extranjero.

¿Qué ha cambiado en mí y en mi visión de China desde mis primeras semanas? Echando la vista atrás, concretamente a mi fase de “luna de miel”, esa etapa en la que todo te parece muy bonito y por la que pasan la mayoría de extranjeros en China, me doy cuenta de que si lo comparo con mi visión actual no todo es de color de rosa, pero si cambias un poco el chip y te lo tomas con filosofía China también puede ser un buen lugar para vivir, pese a no verme aquí para siempre ni mucho menos (o eso pienso ahora).

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大雁塔 (La Gran Pagoda del Ganso Salvaje, Xi’an).

Llegué a china recién entrada la primavera de 2015, a comienzos de una de las mejores estaciones para vivir en el centro – norte de China: contaminación más baja, buen clima, más ambiente en la calle… El tigre no parecía tan fiero como me lo habían pintado, y a eso se mezcló que venía de estar prácticamente parado en España y con muchas ganas de sacarle partido al máster que acababa de terminar. Con la llegada del invierno mi visión en este aspecto cambió, y lo que antes eran cielos más o menos azules se convirtió en un día y otro también de cielos grises y esa denominada “niebla tóxica”, especialmente tóxica por estas latitudes de China, lo que da un giro de 180º al confort del que venías disfrutando meses atrás. Del verano de Xi’an ni hablamos, pero bueno, viniendo de los 45ºC a la sombra de Córdoba no era algo que me pillara por sorpresa. Pese a todo, y como decía antes, puedes acostumbrarte (además de comprarte algunas mascarillas) y convivir con ello.

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No son tan incómodas como parecen, y vienen muy bien para cuando alguien se tira un pedete en el metro.

Partículas dañinas aparte, lo que antes considerabas un pueblo amigo puede llegar a convertirse por momentos en tu peor enemigo. Lo que antes eran risas, fotos y amabilidad se torna en empujones en el bus, empujones en el metro y coches y gente, gente y coches, un caos que se va acumulando no solo en tus ojos, en tu cuerpo, sino también en tu mente, y si no lo controlas puede apoderarse peligrosamente de ti. En este punto no queda más remedio que filosofía y más filosofía; China no es España, de eso te das cuenta pronto, y no vas a poder hacer nada por cambiarlo. Tú solo eres uno más, y mucho más en China; para empezar ni siquiera eres chino, así que no vas a conseguir nada quejándote y poniendo mala cara si alguien entra fumando al ascensor. Acéptalo, China es así, y si no puedes con el enemigo únete a él y aprende a convivir con la mayor armonía posible.

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¿Te quejas de que en tu gimnasio tienes que esperar a que alguien acabe su ejercicio? Imagina esperar a que alguien acabe su siesta.

Pero no todo iba a ser negativo, la comida china me sigue flipando y tras dos años aquí todavía sigo descubriendo nuevos sabores. Por otro lado está el tema laboral y académico; China me da la oportunidad de trabajar con buenas condiciones y pudiendo continuar mi doctorado al mismo tiempo que sigo aprendiendo chino, el idioma del futuro como dicen (hace poco me saqué el certificado de chino HSK3, algo así como el “B1”, hablaré de ello en otra entrada), por lo que en esta parte de la película no hay queja alguna. Además, China es un país en el que puedes evolucionar en el terreno laboral con algo de suerte y moviéndote adecuadamente, y ya estoy mirando diferentes programas para seguir trabajando aquí con todavía mejores condiciones, no sé si en Xi’an o en otra zona de China, pero seguirá siendo China al menos a corto plazo; por ahora no puedo decir nada más que “seguiremos informando”. De momento lo que sí es seguro es que seguiré viajando y conociendo este rinconcito del mundo llamado Asia. Además de los ya conocidos viajes por China repartidos por este blog, este verano tocó Malasia, Singapur y parte de Indonesia, un viaje del cual todavía no he acabado la crónica, algo que espero hacer ahora que he retomado la actividad en el blog.

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Esa suerte que he mencionado en el párrafo anterior es la que me llevó aquí, gracias a esa oferta que de casualidad llegó a manos de mi hermano y que vino a parar a mí, un joven recién posgraduado con muchas ganas de trabajar de lo suyo. Y aquí sigo, haciéndome, no sé si mejor persona, pero sí una persona mucho más preparada ante nuevos retos. Y es que China, para bien o para mal, te curte sobremanera, y después de aquí te pueden poner lo que quieras delante que te lo vas a comer, al igual que China te come, te mastica, y te escupe.

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“El agua hace flotar el barco, pero también puede hundirlo”.

PD: aprovecho para hacer un poco de promoción y hablar del “crowdfunding” que ha comenzado mi hermano para poder publicar su primer libro (digo primero porque seguro que habrá más). Este libro, titulado “Con estos ojos,” con prólogo del menda, es una crónica de la vida en el extranjero que mi hermano empezó hace más de diez años y que continúa en China. Una obra que puede servir de inspiración para todos aquellos que no se atreven a (o no quieren) salir de su zona de confort, perdiéndose así un modo de vida donde no todo es positivo, eso sí, pero puede hacer de ti una persona de la que sentirte orgullosa.

Enlace al libro