Impresiones de mi segunda visita a Pekín (y consejos para no ser timados)

Muchos sabéis que en agosto del año pasado pasé unos 5 días en la capital de la R.P. China (https://califatodexian.wordpress.com/category/beijing/). Esta vez he vuelto junto a mi pareja, y nos encontramos allí con mi querido hermano, el cual lleva ya unos 6 años trabajando en Shaoxing, en la provincia de Zhejiang, al sureste de China. El motivo del viaje no era tanto placer, sino más bien trabajo, y es que el 4 y 5 de junio se celebraron en Pekín las IX Jornadas de Formación de profesorado de ELE en China, evento en el que yo tenía un papel especial, ya que di una ponencia de 30 minutos.

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La versión escrita de la ponencia está disponible en:

http://sinoele.org/index.php/component/content/article?id=280

Fue mejor de lo esperado; dejé los nervios a un lado e hice lo que fui a hacer: hablar sobre algo que sabía y había preparado, por lo que no había motivos ni excusas para dudar.

En cuanto al resto de las Jornadas solo tengo buenas palabras; aprendimos un montón y conocimos a más gente que se dedica a lo mismo que nosotros, con mención especial a gente de la cual incluso he leído algunos artículos para mi Doctorado, así que califico la experiencia de sobresaliente cuanto menos. Además, pude contar con la compañía de mi hermano, al cual no veía desde febrero cuando nos juntamos en España en las vacaciones de invierno, por lo que estos días en Pekín fueron inmejorables.

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Al fondo a la izquierda están los cracks.

Ya que íbamos por Pekín aprovechamos para pedir al menos un par de días libres en la universidad y enseñarle a mi pareja la milenaria capital, una ciudad que ya conocía y que me encantó, por lo que no me costaba ningún trabajo volver a pasar por los mismos sitios. Fue imposible repetir visita en  todos los lugares a los que fui, pero al menos tuvimos tiempo para Tiananmen, la Ciudad Prohibida, la Colina del Carbón, el Parque Beihai, los Hutongs… Y, sobre todo, la Gran Muralla. Dicen que un hombre no es un hombre hasta que no va a la Gran Muralla, ¿qué soy yo entonces que ya he ido dos veces?

Y, ¿por qué eso de “consejos para no ser timados”? Pues bien, todo viene a raíz de la visita a la Gran Muralla. El año pasado no tuve problema, y cogí, como bien me informé, el autobús 916 hasta la última parada y allí cogí un “taxi pirata” (por aquí los llaman “coche negro”) hasta la falda de la Muralla. Este año, no sé si por las prisas o porque somos unos primos, le hicimos caso a una mujer que trabajaba en la estación de autobuses (joder, la misma que estaba recogiendo los tickets), que nos dijo que mejor cogiéramos otro autobús y allí cogíamos el “coche negro”. Al principio pensamos “bueno, ¿por qué vamos a dudar de una mujer tan amable? Además, todo encaja con la ruta que hice el año pasado…”, pero nada más llegar me di cuenta del percal: solo encontramos uno de esos coches al bajarnos del autobús, cuyo conductor nos pedía una cifra desorbitada (5 o 6 veces más de lo que pagué el año pasado). Al principio me dejé llevar por la ira y me negué ni siquiera a negociar, y me fui directo para coger el bus de vuelta y hacerlo bien, aunque perdiéramos 2 horas. Afortunadamente, mientras yo esperaba enfurruñado en la parada de autobús mi pareja, con mucho más temple que yo, negoció al menos para que lo dejara “solo” por el doble de lo que me costó el año pasado. Así pues, preferí pagar eso en lugar de perder más tiempo, anotando en mi cajón de cosas a recordar que nunca más se me ocurra salirme del guion, y mucho menos en un país con gente tan “pícara” (a decir verdad China no me está pareciendo un país muy “tunante” en ese aspecto, pero hay que ir con ojo en los lugares turísticos, como en muchos otros países).

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Luego me tomé una birra y se me pasó.

Dentro de algo menos de dos semanas nos vamos de viaje 3 semanas, en las cuales recorreremos Malasia y parte de Indonesia. Lo tenemos todo atado y bien atado, así que esperamos que no nos timen mucho. Seguimos leyéndonos.

“Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”.

De mudanzas y pisos

Uno de los lazos en común que tenemos la mayoría de profesores que trabajamos en China es la posibilidad de que la universidad o centro en cuestión te ofrezca alojamiento, por lo que te ahorras un quebradero de cabeza, además de, obviamente, pagar alquiler. Ese es mi caso, con la particularidad de que el campus donde me alojo está a unos 15km de Xi’an, lo que me obliga a coger un autobús, el cual tarda alrededor de una hora, cada vez que quiero ir a la “civilización”. Este hecho, sumado a que el último autobús que vuelve al campus lo hace a las 7pm, sumado a que cada vez que quería hacer un plan medio decente tenía que alojarme en un hostal, sumado a que mi pareja y yo somos gente joven y nos gusta mucho el ocio y el cachondeo en general, ha propiciado que ahora mismo os esté escribiendo ¡desde mi nuevo piso en Xi’an! A 5 minutos de la boca de metro más cercana, a dos pasos del supermercado internacional Metro (menuda tentación) y a pocas paradas de metro del centro de la ciudad. ¿Cómo lo he conseguido? Os explico:

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Esa nave azul es el “Metro”. Al fondo la torre de TV, al sur de Xi’an, a unas 6 paradas en metro de la torre de la campana (el centro de la ciudad).

Lo primero que hice fue preguntar a la “gente de a pie”, es decir, profesores y estudiantes, para apuntar lo que me iban diciendo e ir comparando información. Todo ello me llevó a buscar en una agencia, ya que la mayoría de opiniones me llevaban a hacerlo. No sé en el resto de ciudades de China (supongo que sí), pero en Xi’an una de las más reconocidas es Century 21, con oficinas por todo el mundo (incluido España). La mecánica es la siguiente: ellos te enseñan fotos de pisos interesantes, vas a verlos y si te gusta tú pagas 1000 yuanes (unos 130 euros) y el dueño paga otros 1000. En mi caso me bastó ver solo un piso para decidirme. El motivo principal de hacerlo así, además de porque nos convenció nada más echarle un vistazo, es que la dueña habla inglés, lo que facilita mucho las cosas en caso de existir algún problema con el piso.

Me consta que en ciudades como Pekín, Shanghái o Shenzhén el precio del alquiler es una locura, pero en Xi’an el precio medio en una zona decente como esta para 2 personas es de 1500 – 2000 yuanes (entre 200 y 270 euros en total). Para la luz, agua y tal el mecanismo es muy curioso; hay una tarjeta para el gas y otra para la luz, y tú las recargas en función de lo que vayas a gastar. Por lo que nos han comentado (y ya estamos empezando a calcular) lo que se puede pagar mensualmente de luz son unos 100 yuanes (unos 13 euros) en total para 2 personas, y de gas más o menos la mitad (más barato imposible). El agua sí que se paga a través de factura, y por lo que nos dicen sale más o menos igual que la luz. Por lo tanto, estamos hablando de unos 200 – 250 yuanes mensuales para 2 personas (unos 30 euros). En cuanto a Internet, hemos tenido que pagar un año entero. Por 50 megas hemos pagado 1000 yuanes para todo el año (130 euros), otro precio de coña.

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La tele con WiFi y conexión HDMI para conectar el ordenador es uno de mis favoritos.

En cuanto al desplazamiento al trabajo, no va a suponer problema alguno. Es cierto que viviremos a una hora en bus, pero la universidad dispone de un autobús para los profesores que residen en Xi’an, que casualmente sale cerca de nuestro piso. Además, los días en los que nos apetezca podemos quedarnos a dormir allí, ya que podemos seguir usando el piso sin problema (vamos a juntarnos con 3 pisos, pura casta). Por otro lado, solemos trabajar de lunes a jueves, por lo que no es ningún drama.

 

Poco más que añadir, aparte de lo contentos que estamos tanto con el piso como con la localización; supone un cambio radical de modo de vida que mejorará la calidad de la misma. Mentiríamos si dijéramos que no vamos a echar de menos vivir en un entorno natural como en el que se sitúa la universidad, pero ese piso sigue allí y podemos volver cada vez que queramos, por ejemplo, en un día de excesivo calor, en el que podemos volver a disfrutar del frescor de la montaña.

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Vendremos a verte de vez en cuando.

“Disfruta la vida, es más tarde de lo que crees”.

Yuncheng (Shanxi), reencuentro con la China más tradicional

Con unas ganas locas de volver a viajar, empecé a buscar en el mapa que tengo pegado en una pared de mi piso algún lugar cercano a Xi’an donde pasar un par de días, y mis dedos se toparon con Yuncheng, a unos 200km al noreste. En la oferta de trenes disponibles encontré una conexión entre Xi’an y Yuncheng en tren bala, con una duración de viaje de solo 1 hora, por lo que parecía el lugar perfecto para hacer un viaje exprés. La información previa que tenía era lo poco que había leído en la Lonely Planet y un par de fotos en Internet, por lo que se trataba del viaje más a ciegas que iba a hacer desde que recalé en China hace apenas un año.

La aventura no tardó en aparecer. El primer contratiempo vino nada más llegar al hotel que había reservado en Booking, un “7 Days Inn” de los muchos que hay por China. Ya en Shanghái no me dio muy buena impresión entre que no encontraban la reserva y el nulo inglés que hablaban (aunque el problema es mío, ya que soy yo el que está en China). Ahora mi chino era ligeramente mejor, pero el problema estaba claro: no aceptaban extranjeros. Suena un poco mal eso de “no aceptan”; lo que realmente ocurre es que los hoteles necesitan una “licencia especial” para alojar a extranjeros, cual especie extraña que ronda por el mundo, y ese hotel no la tenía (ya les vale a los de Booking no avisar de estas cosas en un país como China). Con un enfado de dos pares de narices fuimos a un hotel que había enfrente, con la suerte de que allí si nos aceptaron, y hasta nos salió más barato, por lo que el parecía que el karma nos sonreía.

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En la zona de la estación de trenes del centro de Yuncheng hay varios hoteles, por lo que no tardamos mucho en encontrar otro hotel.

Esta ciudad tiene sencillamente dos o tres cosas que ofrecernos: el templo dedicado a Guan Yu, siendo el mayor en todo China dedicado a su figura; la estatua gigante de Guan Yu, de unos 80 metros de alto, siendo así una de las estatuas más altas del mundo; y el lago salado de Yuncheng, conocido como el “mar muerto” de China.

Guan Yu fue uno de los generales más importantes de China, y cuenta con numerosos templos dedicados a su culto por todo el país.

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Incluso aparece en algunos videojuegos.

El templo de Guan Yu queda en las afueras de Yuncheng, diría más bien que fuera por completo, ya que el autobús, el número 11, que parte frente a la estación de trenes del centro de la ciudad, sale por completo de la ciudad y te deja en la puerta (debéis decir que vais a “Guandi Miao”, el trayecto son unos 2 yuanes y alrededor de media hora). Se trata del “típico templo”, es decir, con su arquitectura tradicional y sus altares, pero este nos dejó un sabor más especial debido a lo poco transitado que estaba y a la tranquilidad que se podía respirar por consiguiente. Os dejo algunas fotos:

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La estampa típica de esta época es ver algunos árboles de este tipo, como cerezos o almendros, en flor. Precioso.

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Me lo pasé pipa con los gansos.

Cogiendo el autobús 21 en la misma puerta del templo podemos llegar a este punto:

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Lo que se ve a lo lejos es la estatua gigante de Guan Yu. Para llegar hasta ella no queda otra que caminar y caminar por mitad del campo, con sus correspondientes escenas: gente que pasa en moto y te saluda, campesinos que se quedan estupefactos al verte pasar frente a sus cultivos… A esto hay que sumarle que no había NADIE yendo hacia allá, es decir, las únicas personas que en ese momento estaba de camino a la estatua éramos nosotros, así que os podéis imaginar lo curioso de la escena. Una cosa es estar en el centro de Beijing o visitando los Guerreros de Terracota rodeado de extranjeros, ahora estamos hablando de que estábamos en tierra de nadie, sin saber cómo c… íbamos a subir a la estatua y encontrándonos a cada paso con escenas de la China más tradicional: la granja de gansos, los cultivos de maíz, escardillos por doquier… Y por dentro estaba disfrutando al mismo nivel que cuando me dirigía hacia la Gran Muralla.

Y allí llegamos:

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Por ese día era más que suficiente, quedaba volver de nuevo a la parada del autobús 11, en la puerta del templo de Guan Yu, pero había un problema: ya no había autobuses. La única solución era caminar más de una hora, pero, ¿alguna vez os han preguntado si hay alguien que vela por vosotros en algún lugar? Eso me pareció cuando dos mujeres que pasaban por allí se ofrecieron a llevarnos hacia la parada del autobús, las únicas dos mujeres que tenían un coche aparcado por la zona. La suerte y la casualidad atacan de nuevo.

Una vez cerca del hotel fuimos a cenar, y las escenas eran las mismas que en cualquier lugar donde no es típico encontrar extranjeros: gente sorprendida cuando articulábamos dos palabros en chino, viéndonos como usábamos los palillos, preguntándonos de donde veníamos… Se notaba que hacía tiempo que un extranjero no se paraba a comer por allí.

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Se me ha olvidado comentar que el autobús 21 es esto.

Al día siguiente nos quedaba solo visitar el lago, el “mar muerto” de China.

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Nosotros no nos bañamos, nos conformamos con hacernos un par de fotos por el lugar y disfrutar de la tranquilidad de la zona.

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Y así volvíamos a Xi’an, con la satisfacción del trabajo bien hecho, con una aventura más y sintiéndonos unos privilegiados por experimentar unas sensaciones que pocos viajeros experimentan, como la de valerte por ti mismo en sitio extraño, sin recurrir a ninguna ayuda más que a ti mismo y a tus ganas de conocer.

China, cada día te quiero más.

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Estos días han sido tan buenos que ni me importaban que me echaran las típicas fotos “destrangis”.

“Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”.

Hangzhou y Shanghái, un Año Nuevo diferente

Desde el momento en el que supe que iba a pasar el cambio de año en China me puse manos a la obra para encontrar un plan que me hiciera olvidar que iba a estar lejos de mi familia y amigos. Así fue como recordé que mi hermano también trabaja en China y que estaba en la misma situación que yo (bueno, él lleva ya varios añitos así), por lo que organicé una escapada alrededor de la ciudad donde trabaja (Shaoxing, en la provincia de Zhejiang) y mi pareja y yo nos fuimos unos días a Hangzhou y Shanghái. La anécdota del viaje fue sin duda la indiferencia de la gente de un bar de Hangzhou a las 00:00, justo en el momento en el que entrábamos en el 2016; la gente seguía hablando de lo suyo, no había señal alguna de que nos encontrásemos en un momento especial… Incluso llegamos a decir “Happy New Year” para intentar animar el cotarro, pero nada.  Esta fue una de las situaciones que hicieron de este Año Nuevo algo diferente.

Hangzhou es considerada una de las ciudades más bellas de China, y es que la zona del Lago del Oeste es una auténtica pasada para todo aquel al que le guste encontrarse con paisajes, situaciones y un “entorno chino” al 100%.

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Había varios grupitos compuestos por una señora cantando y un acompañamiento de instrumentos típicos chinos. Una estampa única.

Lo primero que hicimos fue dar un gran rodeo a la zona del lago, donde desde cualquiera de los ángulos había una foto que tomar. Dicen que hay unos 30 lagos en todo China con el nombre de Lago del Oeste, pero este sin duda es el que tiene más encanto.

Poco a poco fuimos dejando el lago atrás y adentrándonos en los montes colindantes. Esta zona es ideal para hacer una ruta de senderismo, y lo más normal es encontrarte sobre todo con gente mayor pegándose sus caminatas por aquí, y no mucho turista por cierto. Aquí fue donde tomé el siguiente vídeo, que puede reflejar lo que es una tarde cualquiera en China:

Solo teníamos un par de días para visitar Hangzhou, así que decidimos hacer una visita exprés a los puntos más importantes. Somos conscientes de que nos dejamos algunas cosas atrás, pero confiamos en repetir visita en el futuro. Ni siquiera tenemos fotos de las famosas pagodas de Hangzhou, ya que era de noche y la calidad de foto no era muy buena.

De lo que sí tenemos foto es del paseo que nos dimos por los montes de Hangzhou, solo apto para los mejores pateadores.

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La segunda parada fue nada menos que Shanghái, que con alrededor de 20 millones es una de las urbes más pobladas del mundo. En ningún momento me pareció tan exagerado, debido sobre todo a la ordenada red de metro que tiene y a la estructura de algunos de sus distritos, especialmente la zona de la concesión francesa de Shanghái; más que en China en algunos momentos parecíamos estar en Praga o Budapest. La gente que viene de fuera directamente a Shanghái puede pensar que el tráfico es más caótico o algo así, pero para mí, que vengo de Xi’an, Shanghái fue una gozada en ese aspecto.

De Shanghái vimos poco a decir verdad, así que lo que me dejó mayor recuerdo fue su “skyline”, para el que una imagen vale más que mil palabras:

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Realmente estuvimos visitando Shanghái durante apenas un día, por lo que lo único que os puedo dejar es un batiburrillo con algunas imágenes curiosas:

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El modo de cortar el tráfico tanto de peatones como de coches, algo que nos vendría de perlas en Xi’an.
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Para el que venga solo a Shanghái tienen el detalle de ofrecerte el catálogo de ocio de la ciudad.
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La Perla de Oriente con un fondo azul grisáceo, a estas alturas no tengo que explicar por qué el cielo casi nunca es completamente azul en este tipo de ciudades.

Esta vez me debo disculpar por no poner mucha información sobre los puntos que hemos visitado, pero con la emoción de haber sido un viaje realizado en los días previos a las vacaciones en España (estaré aquí hasta finales de febrero) fue un viaje de puro placer, sin pararme a pensar en ningún momento en qué era realmente lo que estaba viendo.

Lo dicho, ahora os escribo desde España, por lo que no creo que tenga muchas historias que contar. Posiblemente escriba sobre mis primeras impresiones comparando mi vida en China y mi vida en España, de lo que se puede sacar bastante jugo.

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Este es el azul que tanto he echado de menos estos meses. Esta es la primera diferencia que encuentras nada más volver. ¡Viva España!

 

“La primera vez es una gracia, la segunda vez es una regla.”

Navidades en China (y lo que suponen para un español)

Ni anuncios de turrón (ni turrón), ni botellas de anís, ni cuñaos abriendo la botella de cava… Estas navidades son las primeras que paso al completo fuera de casa, nada menos que en China, donde por mucho que se esfuercen y adornen las calles al ritmo de “Jingle Bells” nunca llegará el espíritu navideño.

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Esta imagen resume el espíritu navideño chino (cortesía de mi hermano y el portal de su casa).

Cuando me dieron el calendario escolar y vi que en la semana de navidades trabajaba al completo, incluso más de lo normal debido a que es la semana de exámenes y evaluaciones, empecé a asimilar que este año no iba a haber Navidad. Una vez llegado el momento tengo que decir que ha ido mejor de lo esperado, ya que a decir verdad si no es por la familia, por las “tardesbuenas” y por lo que me gusta tomarme una copa en el salón de mi casa y un turrón del duro a cualquier hora del día con la excusa de que es Navidad… Estas fechas me dan un poco igual. Afortunadamente tengo a mi lado en China a una de las personas que más quiero, y hemos aprovechado para hacer un poco el ganso por Xi’an.

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Y para comprar los regalos para familiares y amigos.

Centrándonos en la Navidad como concepto en china, hay algunas cosas dignas de comentario. En primer lugar, que mis propios alumnos, de lengua y cultura española, no saben muy bien ni lo que se está celebrando (“feliz navidad, ¿te has comido las uvas” un 26 de diciembre, por ejemplo). Por lo general, aquí llegan a los oídos de la gente festividades como Navidad o “Thanksgiving” (Acción de gracias), y se esfuerzan en felicitarte y en interesarse, aunque les digas que en España no se celebra eso de acción de gracias. Lo que he podido percibir es que el interés de este tipo de fiestas no es otro que el de comprar, comprar y comprar: luces por doquier, música a todo trapo y los centros comerciales repletos de gente. Vamos, como nosotros; en eso somos más parecidos de lo que pensamos.

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Cambias el cartel de “Farmacia” por unos caracteres chinos y podría ser Xi’an perfectamente.

Donde más he podido notar la ausencia de espíritu navideño es en el trabajo, donde no se para hasta el 30 de diciembre. Eso sí, lo bueno es que no trabajamos desde ese día hasta marzo; algo bueno tenía que tener. Pero no siempre he sido profesor; en España he trabajado en todo tipo de trabajos y también he trabajado el mismo día de Nochebuena, pero al menos podía juntarme con la familia y con los amigos, el espíritu estaba ahí. Por cierto el tema de las vacaciones es otro en el que hay grandes diferencias. En el calendario escolar chino hay dos vacaciones marcadas, las dos de unos 2 meses de duración: julio – agosto y enero – febrero, que no está nada mal, sobre todo si le sumamos algún puente que otro intermedio.

Por mi parte aprovecharé no para volver a casa el 31 y tomarme las uvas con mi familia, sino para solidarizarme con mi hermano, que también trabaja en China y acaba más tarde que yo, y tomármelas con él en Hangzhou. Los días previos a mi vuelta a España (que será el 5 de enero, regalito de Reyes) los pasaré entre Hangzhou y Shanghái, aprovechando para hacer un pequeño viaje antes de volver a casa y tener motivos para volver a tener actividad en el blog.

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No os podéis imaginar lo que echo de menos un cielo así de azul…

Bueno, ese es mi caso, que estoy en el privilegiado grupo de los profesores. Para el resto de mortales todo sigue igual hasta febrero, cuando tiene lugar el Año Nuevo Chino, el auténtico desmadre. Para los chinos esas son las fechas para estar con la familia, y un chino cualquiera que pasara el mes de febrero en España estaría igual de rayado que yo aquí el 25 de diciembre, preguntándose por qué la gente no se reúne ni celebra nada.

Como he mencionado antes, las luces y la música no fallan; dar un paseo por Xi’an o por cualquier ciudad de China en estos días te acerca un poco más a la Navidad. No es raro encontrarte a cada paso con un Papá Noel o con un árbol de Navidad, pero no deja de ser decoración. Por otro lado, no puedo ser hipócrita, y creo que la única diferencia con nosotros es que nosotros nos juntamos con la familia, pero en cuanto al consumismo y al “postureo” somos del estilo, eso no cambia, como en casa.

Pero no todo es fachada por aquí. En estos días, aunque se siga trabajando y todo siga su curso, encontramos dos fechas simbólicas. Por un lado tenemos el 22 de diciembre, cuando es costumbre comer los famosos “jiao zi” con la familia o con los amigos:

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Esta foto es del mismo día 22, cenando con los compañeros del departamento.

Por otro lado tenemos el 24 de diciembre, en el que los chinos suelen regalar manzanas. Esto viene porque las pronunciaciones de manzana “pingguo” y del día de nochebuena (ping an ye, que significa “noche de paz”) son muy parecidas, sobre todo en el “ping”, que se hace con la misma entonación (recordamos que en chino mandarín hay 5 tonos de pronunciación), aunque el caracter sea diferente. Esta tradición es relativamente reciente, se celebra desde hace pocos años. Dicen que fue idea de un vendedor de manzanas, que para dar un empujón a las ventas empezó a vender las “manzanas de la paz” y se empezó a popularizar por todo China. Estas manzanas de la paz se suelen regalar el día de Nochebuena. Para muestra un botón:

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La “colecta” de este año. Algunas vienen con su envoltorio especial y todo.

Tengo que comentar también que la universidad se lo ha currado con nosotros y nos han regalado un dispositivo de esos que tanto se está poniendo de moda para contar los pasos que das durante el día, el tiempo de sueño… Una de esas cosas que yo nunca me compraría, pero ahora que lo tengo debo decir que no está nada mal.

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Hay que sincronizar la pulsera con la app del móvil y listo.

Este año hemos cambiado el turrón por las manzanas, pero bueno, como dijo Confucio, ¿qué sería de un expatriado sin Skype?

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!