Gracias por nada, WhatsApp

Hoy mismo, mejor dicho justo ahora, acabo de leer una noticia, una NOVEDAD NOVEDOSA, en El País; resulta que a partir de ahora WhatsApp incluye una opción para compartir tu ubicación con otra persona, muy útil, por ejemplo, a la hora de quedar con alguien y saber dónde se encuentra exactamente en tiempo real (que nos lo digan a los que conocemos la bulla de la Feria de Córdoba…). Se dice en el titular de la noticia que es una “opción polémica”, como todo lo nuevo que llega a Occidente.

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Enlace a la noticia: https://cincodias.elpais.com/cincodias/2017/10/18/lifestyle/1508314788_553728.html?id_externo_rsoc=TW_CM

Resulta, como vemos, que en China llevamos años con esta opción incluida en Wechat, la app de mensajería que domina China, y que ofrece servicios de todo tipo como explicaremos a continuación.

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Tú a Xi’an y yo a Shenzhen.

De todos es sabido, sobre todo entre los españoles, que todo lo nuevo suele ser mirado con lupa, sobre todo si puede alterar un mínimo nuestro día a día. Es un aspecto intrínseco a nuestra cultura, y opuesto a lo que tiene lugar en las culturas asiáticas, especialmente la China. Esto tiene un nombre en sociología: “Evitación de la incertidumbre” (Uncertainty avoidance). Esta dimensión social tiene en cuenta, entre otros aspectos, la flexibilidad para adaptarse a las nuevas realidades y la capacidad de emprendimiento; si hay una sociedad llena de personas emprendedoras esa es la sociedad china. En España, sin embargo, se aboga más por la existencia de reglas y más reglas en cualquier ámbito de la sociedad; se busca una mayor estabilidad y el índice de emprendimiento es realmente bajo.

emprendimiento

Exactamente, la puntuación de 86 pertenece a España, un país con un alto índice de evitación de la incertidumbre. Por su parte, China obtiene un índice bastante bajo, de ahí que sea un país donde se apuesta más por el riesgo y donde la adaptación a nuevas realidades es mayor. La fuente de estos datos los tenéis en https://www.hofstede-insights.com/product/compare-countries/. Geert Hofstede es un conocido psicólogo social y antropólogo holandés.

Algunos ejemplos donde se reflejan estos índice pueden ser

– Alquiler de bicicletas. No me refiero con esto a los puestos fijos donde alquilar una bicicleta para luego dejarla en un puesto similar como los que hay en España, sino al alquiler LIBRE de bicicletas, las cuales se encuentran en cualquier punto de la ciudad y que puedes alquilar escaneando un simple código QR. Obviamente, cuando terminas de usarla puedes dejarla donde te plazca. Cuenta con un localizador GPS de bicicletas, pero en grandes ciudades las puedes encontrar prácticamente en cualquier parte.

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Esto se intentó empezar a implantar en ciudades como Manchester, siendo un auténtico desastre. Aquí un enlace a una noticia que habla sobre el tema: https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/jul/16/manchesters-bike-share-scheme-isnt-working-because-people-dont-know-how-to-share

Creo que en España se está iniciando algo, pero conociéndonos no sé lo que durará. Por cierto, para conocer más sobre este sistema, recomiendo ver este vídeo de mi amigo Javier, de “El gato chino”: https://www.youtube.com/watch?v=A9C8z4nNtZM

– Pago con el móvil. Un servicio realmente extendido por todo China, que, sin embargo, está prácticamente ausente en España, pese a que algunos bancos están empezando a ofrecer este servicio, no sin reticencias por los nuevos clientes. Y es que, más que de las compañías, creo que la culpa es de los propios ciudadanos, que siempre (y me incluyo) vemos estas cosas como algo “peligroso” (¿enlazar mi tarjeta a mi móvil? ¡Ni loco!). Realmente si alguien me robara ahora el móvil no supondría gran problema, ya que se necesita un código de 6 cifras para pagar en la mayoría de los sitios, si bien es verdad que a veces es posible pagar solo enseñando tu código QR (pero bueno, tan fácil como cancelar tu tarjeta o bloquear tu móvil, será por soluciones…).

Wechat, por ejemplo, el servicio de mensajería homónimo que domina China, ofrece servicios como transferencia de dinero al instante a otros usuarios, compra de entradas de cine, compra de billetes de tren, reservas en restaurantes, reservar taxi…

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Así pues, me sigue haciendo gracia leer noticias “bomba” en España y en Europa en general sobre prácticas que se llevan haciendo años en China. Sí, ese país que para muchos es retrógrado y atrasado, pero que va camino de superarnos en muchos aspectos (de hecho ya nos superan en más que nosotros a ellos).

“No se puede caminar contemplando las estrellas cuando se tiene una piedra en el zapato”.

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2 años en China, cómo hemos cambiado

Después de mucho bregar con el servidor de WordPress para poder publicar de nuevo en el blog aquí estoy de nuevo, casi 2 años después desde que empezara mi particular aventura en el gigante asiático. 2 años en China cambian a cualquiera, y yo no iba a ser menos, máxime si tenemos en cuenta que esta es mi primera experiencia trabajando en el extranjero.

¿Qué ha cambiado en mí y en mi visión de China desde mis primeras semanas? Echando la vista atrás, concretamente a mi fase de “luna de miel”, esa etapa en la que todo te parece muy bonito y por la que pasan la mayoría de extranjeros en China, me doy cuenta de que si lo comparo con mi visión actual no todo es de color de rosa, pero si cambias un poco el chip y te lo tomas con filosofía China también puede ser un buen lugar para vivir, pese a no verme aquí para siempre ni mucho menos (o eso pienso ahora).

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大雁塔 (La Gran Pagoda del Ganso Salvaje, Xi’an).

Llegué a china recién entrada la primavera de 2015, a comienzos de una de las mejores estaciones para vivir en el centro – norte de China: contaminación más baja, buen clima, más ambiente en la calle… El tigre no parecía tan fiero como me lo habían pintado, y a eso se mezcló que venía de estar prácticamente parado en España y con muchas ganas de sacarle partido al máster que acababa de terminar. Con la llegada del invierno mi visión en este aspecto cambió, y lo que antes eran cielos más o menos azules se convirtió en un día y otro también de cielos grises y esa denominada “niebla tóxica”, especialmente tóxica por estas latitudes de China, lo que da un giro de 180º al confort del que venías disfrutando meses atrás. Del verano de Xi’an ni hablamos, pero bueno, viniendo de los 45ºC a la sombra de Córdoba no era algo que me pillara por sorpresa. Pese a todo, y como decía antes, puedes acostumbrarte (además de comprarte algunas mascarillas) y convivir con ello.

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No son tan incómodas como parecen, y vienen muy bien para cuando alguien se tira un pedete en el metro.

Partículas dañinas aparte, lo que antes considerabas un pueblo amigo puede llegar a convertirse por momentos en tu peor enemigo. Lo que antes eran risas, fotos y amabilidad se torna en empujones en el bus, empujones en el metro y coches y gente, gente y coches, un caos que se va acumulando no solo en tus ojos, en tu cuerpo, sino también en tu mente, y si no lo controlas puede apoderarse peligrosamente de ti. En este punto no queda más remedio que filosofía y más filosofía; China no es España, de eso te das cuenta pronto, y no vas a poder hacer nada por cambiarlo. Tú solo eres uno más, y mucho más en China; para empezar ni siquiera eres chino, así que no vas a conseguir nada quejándote y poniendo mala cara si alguien entra fumando al ascensor. Acéptalo, China es así, y si no puedes con el enemigo únete a él y aprende a convivir con la mayor armonía posible.

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¿Te quejas de que en tu gimnasio tienes que esperar a que alguien acabe su ejercicio? Imagina esperar a que alguien acabe su siesta.

Pero no todo iba a ser negativo, la comida china me sigue flipando y tras dos años aquí todavía sigo descubriendo nuevos sabores. Por otro lado está el tema laboral y académico; China me da la oportunidad de trabajar con buenas condiciones y pudiendo continuar mi doctorado al mismo tiempo que sigo aprendiendo chino, el idioma del futuro como dicen (hace poco me saqué el certificado de chino HSK3, algo así como el “B1”, hablaré de ello en otra entrada), por lo que en esta parte de la película no hay queja alguna. Además, China es un país en el que puedes evolucionar en el terreno laboral con algo de suerte y moviéndote adecuadamente, y ya estoy mirando diferentes programas para seguir trabajando aquí con todavía mejores condiciones, no sé si en Xi’an o en otra zona de China, pero seguirá siendo China al menos a corto plazo; por ahora no puedo decir nada más que “seguiremos informando”. De momento lo que sí es seguro es que seguiré viajando y conociendo este rinconcito del mundo llamado Asia. Además de los ya conocidos viajes por China repartidos por este blog, este verano tocó Malasia, Singapur y parte de Indonesia, un viaje del cual todavía no he acabado la crónica, algo que espero hacer ahora que he retomado la actividad en el blog.

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Esa suerte que he mencionado en el párrafo anterior es la que me llevó aquí, gracias a esa oferta que de casualidad llegó a manos de mi hermano y que vino a parar a mí, un joven recién posgraduado con muchas ganas de trabajar de lo suyo. Y aquí sigo, haciéndome, no sé si mejor persona, pero sí una persona mucho más preparada ante nuevos retos. Y es que China, para bien o para mal, te curte sobremanera, y después de aquí te pueden poner lo que quieras delante que te lo vas a comer, al igual que China te come, te mastica, y te escupe.

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“El agua hace flotar el barco, pero también puede hundirlo”.

PD: aprovecho para hacer un poco de promoción y hablar del “crowdfunding” que ha comenzado mi hermano para poder publicar su primer libro (digo primero porque seguro que habrá más). Este libro, titulado “Con estos ojos,” con prólogo del menda, es una crónica de la vida en el extranjero que mi hermano empezó hace más de diez años y que continúa en China. Una obra que puede servir de inspiración para todos aquellos que no se atreven a (o no quieren) salir de su zona de confort, perdiéndose así un modo de vida donde no todo es positivo, eso sí, pero puede hacer de ti una persona de la que sentirte orgullosa.

Enlace al libro