Yangshuo, paraíso natural en China

Lejos de la estampa que muchos conocemos de una China contaminada de desarrollo a cualquier precio, y afortunadamente lejos también de grandes urbes, encontramos Yangshuo, a unos 60km al sur de Guilin. Como relaté en la entrada anterior, llegué a Yangshuo en una especie de crucero en barca de bambú, sin duda la mejor manera de hacerlo, aunque para ello debas pagar alrededor de 20 euros que, por otro lado, merecen totalmente la pena.

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Otra foto de regalo.

Llegué al hostal, por suerte cerca de donde me dejó el bus, a mitad de la tarde. El mismo hostal ofrece la posibilidad de alquilar bicis, en mi opinión la mejor manera de explorar los alrededores de la ciudad, así que tuve muy claro lo primero que iba a hacer nada más levantarme al día siguiente. Tanto en el viaje hacia Guilin, como en Guilin y como en el camino a Yangshuo, se puede decir que fui totalmente solo, exceptuando algunas pequeñas conversaciones con gente que me iba encontrando. No iba a ser hasta Yangshuo donde realmente iba a conocer a gente (muy buena, por cierto) con la que compartir experiencias de viaje.

Esto pasó nada más llegar a la habitación del hostal, donde me encontré con dos chicos, un suizo y un americano, que también acababan de llegar, ambos también por separado, como yo. Empezamos a conversar y los tres quedamos en que íbamos a salir con las bicis al día siguiente. Esto, amigos, es una de las claves del viaje; te decides a irte solo por el sur de China, pero en el fondo sabes que en algún momento alguien te acompañará en tu aventura, sobre todo si vas tirando de “youth hostels” y si la ciudad es más o menos turística.

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Huelga decir quién es el “califa”.

Del día de la llegada solo quedaba la hora de cenar y poco más, así que decidimos dar una vuelta por la “West Street”, zona donde se concentra todo el meollo.

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Aquí es donde, en una ciudad incrustada entre montañas, puedes encontrar un Mcdonalds… La magia del imperialismo:

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La “West Street” es la calle con más ambiente de Yangshuo, pero también donde podrás encontrar a más extranjeros y donde, por momentos, puede parecer que no te encuentras en pleno China. Así, la auténtica magia del viaje vendría al día siguiente, día en el que, en gran parte gracias al mapa que llevaba Stephan, el chico suizo en el móvil, pudimos disfrutar de rincones donde no escuchábamos a la gente ni de lejos, solo nosotros en mitad de la naturaleza.

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De vez en cuando nos reencontrábamos con la civilización.
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La “Moon Hill”, nada menos que 800 escalones para llegar a la cima.

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Fue un día bastante intenso; acabamos a la hora de la cena (habiendo empezado a las 9 de la mañana) y literalmente devoramos todo lo que nos pusieron. Estábamos para el arrastre, pero realmente satisfechos por la experiencia.

El día siguiente, la última noche en Yangshuo, lo dedicamos a una visita más tranquila, pateando algunas de las montañas que rodean a la ciudad, como la que alberga la torre de televisión, donde literalmente nos metimos entre las nubes:

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Por el camino también pasamos por el mercado de Yangshuo, donde por primera vez desde que estoy en China pude ver a un perro colgado del hocico, así tal cual, listo para que su carne sea vendida. La imagen me resultó bastante desagradable, por lo que no hice foto, y aunque la hubiese hecho no la iba a compartir por aquí para no herir sensibilidades. Es carne de un animal al fin y al cabo, al igual que cuelgan pollos, patos y costillares enteros de vacas, pero me llamó la atención por lo inédito de la imagen. Por otro lado tampoco puedo hablar mucho al venir de un país en el que miles de personas ven en directo como se le clava una espada en el cogote a un toro, así que, al igual que he comido (y no veas cómo está) rabo de toro en España, si algún día como perro en China prefiero no verlo colgando, al igual que no veo cómo le cortan el rabo al toro; también he comido conejo con lo bonicos que son, así que nada de hipocresía.

En definitiva, de Yangshuo me quedo con sus paisajes, con su ambiente, con la desconexión total que supone de la China más genuina y, sobre todo, con el silencio que sentí en algunos momentos, un silencio que a veces parece imposible en una China tan apresurada.

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“Afortunado el que vive tiempos tranquilos.”

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2 thoughts on “Yangshuo, paraíso natural en China

  1. Nada que ver las corridas de toros (a fin de cuentas el toro de lidia no existiría si no fuera para la tauromaquia) con lo que le hacen a miles de perros allí, en fin, para gustos los colores.

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    • Lo de matar a tantos perros en esos festivales tan infames por supuesto que no tiene comparación, pero, por otra parte, la mayoría de carne de perro que se consume proviene de una raza que se cría específicamente para ello, y eso sí me parece comparable a que se críe el toro de lidia para después matarlo, ¿se trata de darle unos años de buena vida y luego sacrificarlo? Para eso sinceramente prefiero que críe para su consumo, al igual que la carne de perro en China, pero otra cosa es regodearse con su sufrimiento.

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