En la gran ciudad: primer contacto

Como ya adelanté en la entrada anterior, el fin de semana pasado recibí la especial visita de mi hermano, también profesor de español y residente en Shaoxing, a un par de horas en avión de Xi’an. El plan fue el típico recibimiento en el aeropuerto, con también típico retraso chino, por lo que cuando no podía aguantar más el hambre que me apremiaba hice algo muy muy chino: comprarme una cajita de “noodles”, dirigirme hacia el también típico grifo de agua caliente, prácticamente obligatorio para los chinos (no es casualidad que en todas partes, incluido en mi casa, haya un calentador de agua), y esperar a que estuvieran listos. Por cierto, la comida china merece varias entradas aparte; es uno de los apartados culturales que más me está gustando.

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Una cajita de noodles junto a un termo que me he comprado; aquí no hay persona que no vaya con su termo a clase, al trabajo… Le estoy cogiendo el gusto a eso de ir a dar clase con mi té verde con miel, mano de santo para no desgastar la garganta.

Una vez con el señor Paco Vázquez en Xi’an, nos dirigimos automáticamente, casi sin parar en el hostal, al barrio musulmán (ya hablaré acerca de las religiones en China), a meternos entre pecho y espalda numerosos y sabrosos pinchitos, no recuerdo ahora si de cordero o de ternera (cerdo no, por supuesto, estando donde estábamos). Y sí, nos quedamos en un hostal, ya que el campus está a alrededor de una hora en bus de Xi’an centro, por lo que teniendo en cuenta lo económico que salen los hostales por aquí no merecía la pena el viajecito, además de que lo propio era exprimir al máximo las horas que estuviéramos juntos.

Billar 1
Hostalito con vistas a la Torre de la Campana, con billar incluido… No más de 10 euros por cabeza.

Esta fue la primera toma de contacto con la ciudad, con una calle del barrio musulmán engañosamente vacía, ya que eran cerca de las 1 de la mañana (al día siguiente nos íbamos a enterar). Ahora tocaba descansar, para despertar inmersos en un auténtico ambiente festivo chino, y es que justo ese fin de semana tocaba uno de los tantos puentes que tiene el calendario en China, ¡y luego dicen que a los españoles no nos gusta trabajar!

Calle 2
Esta es la típica foto de “se busca español desaparecido en China”.

Desde las 11 de la mañana, saltándonos el desayuno, empezamos a meterle mano a las maravillas culinarias de cada sitio por el que íbamos parando; desde el primer momento mi hermano me dejó claro que él venía a hacer turismo gastronómico, y yo que se lo agradezco. Algunas muestras:

Calle 1
Uno de los tantos puestos de comida. Véase la mujer con el pañuelo musulmán… De no ser por los carteles en chino no parece que estés en China.
Comida 1
Para denominar a este plano en chino me tendrá que ayudar mi hermano, pero es algo así como una sopa con verdura y carne de ternera, cojonuda, y con su cacho de pan para mojar a lo español.
Comida 2
Esta sopa absorbida por pequeños trozos de pan, lo que acompañado de carne de cordero hacía que este plato fuese otra de las maravillas del fin de semana.
Comida 3
Caras de felicidad esperando los platos.

Pero no todo iba a ser tragar como limas, por lo que excepto el mausoleo de los archiconocidos Guerreros de Terracota (eso lo dejo para más adelante, con más calma) visitamos la mayoría de puntos emblemáticos de esta histórica ciudad: la Torre de la Campana, la Torre del Tambor, la Pequeña Pagoda de la Oca (hay otra que es la Grande, pero no nos dio tiempo a visitarla) y el parque colindante… También nos dejamos la muralla de Xi’an, una de las que mejor se conservan y que rodea a todo el centro de la ciudad, pero había que pagar para pasear por ella, mucha gente esperando… Así que la vimos por fuera y también la dejamos para otro día que no sea puente.

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Cristina en el parque alrededor de la Pequeña Pagoda de la Oca. Se puede observar el mal tiempo que nos acompañó.
Turismo 1
Torre del tambor, del siglo XIV.
Turismo 2
Al fondo la torre de la campana, con una espectacular iluminación.
Turismo 3
A duras penas se divisa la Pequeña Pagoda de la Oca, levantada en el siglo VII (la Grande vendrá en otro momento).

Por otro lado, aprovechando que tenía a mi vera a una persona que lleva nada menos que 5 años en China, me lo llevé a visitar el campus para que me enseñara qué sitios podían estar bien para comer cerca de mi casa más allá del baratísimo comedor del campus. Menos mal que lo hice, porque pude descubrir mi, hasta el momento, plato favorito chino: 糖醋里脊 “tangcu liji”, que se resume en una deliciosa carne de pollo bañada en salsa agridulce… Un imprescindible de la gastronomía china, en un restaurante especializado en comida de la región de Sichuan.

Foto sacada de Internet, porque con el ansia no me acordé de echar una foto al plato.

Esto supone un simple esbozo de lo que supuso este gran fin de semana, del que pueden salir varias entradas aparte: Gastronomía, Religión, Historia… Lo que quiero reflejar es que supuso un primer acercamiento a lo que será mi vida durante los siguientes meses, del que no tengo ninguna pega; ni siquiera la cantidad ingente de personas que tuvimos que ir sorteando, aderezado con el mal tiempo que tuvimos la mala suerte de soportar, empañó el cúmulo de sensaciones que experimenté.

Zài jiàn!

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